Lo que no puedes hablar, tan sólo imaginar.
Es el silencio que reparte con amargura el calor de la humedad. No puedo hablar, pero te siento.
Y no deseo saber la razón... Aunque a veces creo saber lo que no he vivido. A todos nos pasa a veces, sólo a veces. Pues, creemos entender lo que no nos ha ocurrido, pero que sin embargo muchas veces lo vives de cerca.
Cruzo la calle y siento que alguien me observa. No puedo ver quién es a causa de la profunda oscuridad que me rodea. Sin embargo, siento su presencia. Oigo voces perdidas que provienen de gargantas rotas... Llenas de sangre, labios partidos, ojos heridos. Siento mis pasos. Llego hasta donde mis pies me lleven. Sigo mi camino. Llego al almacén de la esquina. Entro.
Veo luces que penetran en mis profundos ojos azules. Alguien se me acerca, y yo, con esta obsesión, no sé cuánto tiempo ha pasado desde que empecé a preguntarme las cosas.
Sin embargo, la locura aún me permite entender lo que quisiera saber.
La figura de un hombre roto por el aire se presenta ante mis ojos... No deseo saber su nombre, menos su edad... Pero hay algo en él que me parece familiar. Me acerco, y tratando de disimular mi aturdimiento, le digo:
-Qué tal, mi nombre es Luciana, me gustaría saber si... ¿puedo hacerle una pregunta?
-De hecho, ya me ha preguntado algo. Claro que sí, pero siempre y cuando usted me responda otra antes.
-Por supuesto Don Raúl... ¡Y muchas gracias! Supongo que ese es su nombre... ¡Le queda muy bien querido Rodrigo!
-No se moleste usted, querida y joven mujer... Mi pregunta es... Quisiera saber si... ¿es usted Luciana la loca?
-¡Oh, no! Sr. Raúl. Yo soy simplemente Luciana, la reina y la duquesa de esta ciudad. Aunque, debo decirle, me parece muy interesante esa mujer que usted anunció. ¿Luciana la loca me dijo?
-Eh... Sí, joven mujer.
-Voy a buscarla para saber qué es la locura. Por otro lado, amable señor, quisiera saber... ¿usted puede pronunciar alguna palabra?
-¡Por supuesto que sí!... ¡Cómo se le ocurre preguntar aquello!, ¿acaso usted está loca?
El hombre se fue indignado, con la sensación de haber perdido un pequeño, pero importante espacio en el tiempo. No lo ví nunca más. Y si me vió alguna vez, debe haberse alejado de mí.
En realidad, sí... Lo admito. Aunque, no estoy segura. Pero creo que soy la famosa loca llamada Luciana. Y... ¿saben qué? No creo estar ni un poco más loca que ellos. Aparte de estar completamente locos, no son capaces ni de entender. Levanto la cabeza rápidamente. Siempre digna ante cualquier error. La gente me observa, todos viven en mi mente. Son capaces de saber todo lo que pienso. Estoy decidida: no puedo pensar nunca más. Ellos lo saben, lo saben todo.
Es el silencio que reparte con amargura el calor de la humedad. No puedo hablar, pero te siento.
Y no deseo saber la razón... Aunque a veces creo saber lo que no he vivido. A todos nos pasa a veces, sólo a veces. Pues, creemos entender lo que no nos ha ocurrido, pero que sin embargo muchas veces lo vives de cerca.
Cruzo la calle y siento que alguien me observa. No puedo ver quién es a causa de la profunda oscuridad que me rodea. Sin embargo, siento su presencia. Oigo voces perdidas que provienen de gargantas rotas... Llenas de sangre, labios partidos, ojos heridos. Siento mis pasos. Llego hasta donde mis pies me lleven. Sigo mi camino. Llego al almacén de la esquina. Entro.
Veo luces que penetran en mis profundos ojos azules. Alguien se me acerca, y yo, con esta obsesión, no sé cuánto tiempo ha pasado desde que empecé a preguntarme las cosas.
Sin embargo, la locura aún me permite entender lo que quisiera saber.
La figura de un hombre roto por el aire se presenta ante mis ojos... No deseo saber su nombre, menos su edad... Pero hay algo en él que me parece familiar. Me acerco, y tratando de disimular mi aturdimiento, le digo:
-Qué tal, mi nombre es Luciana, me gustaría saber si... ¿puedo hacerle una pregunta?
-De hecho, ya me ha preguntado algo. Claro que sí, pero siempre y cuando usted me responda otra antes.
-Por supuesto Don Raúl... ¡Y muchas gracias! Supongo que ese es su nombre... ¡Le queda muy bien querido Rodrigo!
-No se moleste usted, querida y joven mujer... Mi pregunta es... Quisiera saber si... ¿es usted Luciana la loca?
-¡Oh, no! Sr. Raúl. Yo soy simplemente Luciana, la reina y la duquesa de esta ciudad. Aunque, debo decirle, me parece muy interesante esa mujer que usted anunció. ¿Luciana la loca me dijo?
-Eh... Sí, joven mujer.
-Voy a buscarla para saber qué es la locura. Por otro lado, amable señor, quisiera saber... ¿usted puede pronunciar alguna palabra?
-¡Por supuesto que sí!... ¡Cómo se le ocurre preguntar aquello!, ¿acaso usted está loca?
El hombre se fue indignado, con la sensación de haber perdido un pequeño, pero importante espacio en el tiempo. No lo ví nunca más. Y si me vió alguna vez, debe haberse alejado de mí.
En realidad, sí... Lo admito. Aunque, no estoy segura. Pero creo que soy la famosa loca llamada Luciana. Y... ¿saben qué? No creo estar ni un poco más loca que ellos. Aparte de estar completamente locos, no son capaces ni de entender. Levanto la cabeza rápidamente. Siempre digna ante cualquier error. La gente me observa, todos viven en mi mente. Son capaces de saber todo lo que pienso. Estoy decidida: no puedo pensar nunca más. Ellos lo saben, lo saben todo.
Otro día más se acerca... Debo volver a mi palacio. Me esperan mis súbditos. De hecho, ahí vienen corriendo con un vestido de encajes blanco llamado "chaqueta de fuerza". En realidad, me fascina. Es completamente único. Y de pronto, no sé nada más.
Hoy es... ¿Qué día es hoy? Miro mi pieza blanca otra vez. La pared de enfrente es mi amiga, se llama Julieta. Es muy agradable.
Mi país se llama "Manicomio" y mi vecino es un loco llamado Cristóbal Colón.

